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El amor en el mercado social

Alejandro Marín (México)

Y morirme contigo si te matas

y matarme contigo si te mueres

porque un amor cuando no muere mata

porque amores que matan nunca mueren

Joaquín Sabina

 

Para definirlo deben contemplarse los factores culturales (geo, psico, socio, antropo). Para visualizarlo en su categoría modus operandi (que no modus vivendi) y entender su dependencia a la época histórica no deben ignorarse las yuxtaposiciones de éstos factores. En su concepción más cabalística, excelsa y abstracta se sobreentiende como aquella capacidad de ofrecer, a partir de un sentimiento genuino, una dedicación esmerada hacia un ser o una situación. El ser humano occidental aprendió a diferenciar distintos tipos. A la vocación, al padre, a la madre, al novio, a la escuela, al deporte, a la vida. Siempre existirá la intención de sentir dicha a partir de tal dedicación. Algunas personas,confundidas, aprenden que viene inmediatamente seguido del desamor, otras muy a menudo confunden uno con otro. Otras pretenden llevarlo a su máxima expresión, hacia un modus vivendi, aunque esta efervescencia resulte efímeramente discursiva, retórica y sólo eso. Viene acompañado de fantasías, mitos, tabúes, doctrinas morales y catecismos familiares, entre otros miedos y condicionamientos sociales/sexuales, mismos que se vuelven monolitos canónicos, razones por las cuales nace desmembrado, roído y desparpajado en la zoociedad contemporánea.

Ante los infortunios del susodicho, el mercado procura sacar provecho y se instituyen 14’s de febreros (día de San Marketing), 10’s de mayos (para los que tienen madre), navidades para la esposa, nochebuenas para la amante, y demás festividades que ilustran el snobismo cotidiano de la compraventa desechable de la identidad. Lo romántico-chingativo es  paradogicamente estable de la tragicomedia. Las ruletas filosóficas devienen en ganancias financieras. El mercado seduce y enamora al consumidor, éste disfruta de su flagelación, el mercado chinga y el consumidor ama y compra. Si te peleas te venden garrotes, si te enamoras te venden flores y chocolates, si te dejan solo o sola te venden consoladores, si estás acompañado te venden la fiesta. Ama tu cartera, ama tus créditos, ama las tiendas comerciales, dedica tu vida a las deudas, entrégate pleno, libérate y consume. El amor al dinero como cumbre de la consagración del ser en el siglo XXI.

El amor en su discurso mexicano propone/impone fidelidad. Aquello del amor exclusivo que viene de por allá de la edad media nutrido a empacho por la zoociedad sanguinaria e imperialmente católica, pervive hasta nuestros días. Se debería procurar lealtad antes que fidelidad. El amor es un concepto actualmente confundido con el de romanticismo y con el de enamoramiento entre los adolescentes y adolescentes tardíos (que no dejan de adolecer), tergiversado a conveniencia entre los adultos y adultos prematuros.

Como un dios alabado, mítico y milagroso, construido a conveniencia del ser humano, la genuinidad le es prescindible. Quién le construye templos saca provecho de los fieles a la doctrina. Quién le prende una vela, sana su conciencia y deja saldada su tributación espiritual. Es evidente que en el amor las velas se llaman carteras/chequeras, billetes de lotería. Los adoctrinados viven, y lo creen a cabalidad, amando, se les suele llamar los fieles. Su estampita, su colguije, su cachito de deidad, es de ellos. Un afán de defender la pertenencia, la propiedad.

Ante los vacíos de certeza, obviamos el amor u obviamos su ausencia y le damos la bienvenida a su alter ego radical. Entonces se genera una gran motivación. Cuando se combina con Eros, la sensualidad y el cachondeo, él se vuelve mortal, porque uno sabe que en esa dicha tan sublime y alta el tiempo nunca será eternidad y eso es lo que menos importa. En el amor el ser humano da, en la pasión mata, destruye, devora. El semidios: el dios y el humano a la vez. El amor sexuado y sexual resulta buen catalizador para la creatividad, uno mira posible el paraíso. En términos estrictamente metafóricos el amor, como otros prebostes, aspira a ser el alma de la vida, aunque no sea más que una complementación de psicopatologías entre los involucrados. Heterosexuales entropías estables, sinergias parafílicas socialmente engranadas. Morfemas homosexuados experimentando diptongos, ombligos disociales unidos por el coito. Costumbre social de amar con alas cercenadas.

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