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Trajinando la soledad Por: Maritza Zamora Ponce

Pensando en aquellos días iba de un lado a otro, tomaba café, se paraba en la ventana y volvía a quedar como en un estado de éxtasis, así pensaba – Fueron días alegres – Fueron noches hermosas, de bellos sueños. Se sentaba en el sillón y abstraída de la realidad, bajo los acordes suaves de aquella música que se oía lejana, placentera; se iba con sus recuerdos.

–       Te amo, nunca he querido a nadie como te quiero a ti.

–       No te cortes el pelo, pues, pareces un muchachito con el pelo corto.

–       Nos iremos lejos, viviremos nuestra vida sin interesarnos en el que dirán.

 

Y ella respondía: Mi querido, tú has llenado mi vida de amor, de fe, de esperanzas. Nunca antes, me había sentido tan amada, tan querida y protegida como ahora.

Rin..Rin…Rin y el repicar del teléfono le hizo volver a la verdad, a la realidad y así sentía que quedaba aun más vacía, alguien equivocado.

 

Nuevamente sentía con mayor profundidad su soledad, la lejanía, ahora casi inalcanzable todo aquello que un día tuvo, que vivió y que ahora sentía eran solo recuerdos, vivencias de ayer, pero ahora solo recuerdos.

 

Silente, bajo los hermosos acordes de la suave música empezaba su alma a angustiarse, casi a desesperarse, que triste vida, después de haberlo tenido todo, hoy solo tener recuerdos, volver a sentirse sola, triste la mayoría de veces y otras sobreponiendo su tristeza, ser una persona con aparente alegría, chistosa, para quien la vida frente a los demás parece ser hermosa, cargada de sueños, lo cual le permite ocultar su frustración, su desesperación, su soledad.

 

Así vivía en sus días de soledad, recordando un pasado hermoso que ya no volvería.

En sus días de trabajo se levantaba muy temprano, sacaba sus lienzos, sus pinceles y Después de largos meses de ausencia vuelve a encontrarse con un amigo de la adolescencia, pasan largas horas en una amena e interesante conversación, como los buenos amigos conversan, recuerdan y en medio de una gran alegría por encontrarse se hace presente en ellos la tristeza; y así, palpita en cada uno todo aquello que ayer no se dijeron por temor, por prejuicios o quizás por inmadurez, sin embargo, saben que todo quedará igual, que es muy tarde y ahora ya no tiene remedio, no tiene solución, pues el tiempo no se detiene y allí están, cada uno con su vida por delante, con caminos y con responsabilidades diferentes, cada uno trajinando con sus sueños e ideales, en medio de esa inmensa soledad…

 

 

 

Maritza Zamora Ponce (Venezuela), poeta, ensayista, escritora, cuentista, pintora, maestra, oradora. es miembro de la Sociedad de Poetas Andrés Eloy Blanco y Presidenta del Taller Literario Editorial Giraluna.  

 

 

 

 

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