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Ilusión consumada cuento de Ismari Marcano

Lo amaba desde niña… ¡desde siempre! Aún, recuerda cuando pasaba horas parada detrás de la ventana, sólo para verlo pasar por la acera del frente de su casa.

Era tan… lindo, ¡tan hermoso!, tan alto, que parecía un Príncipe de cuentos de hadas.

Nunca le habló, nunca hubo… siquiera un cruce de miradas. Era como si ella no existiera, como si no viviera en la misma cuadra… casi al lado de su casa. Ella, sólo era ¡dos ojos y un corazón! que siempre lo acechaba.

Las semanas se hicieron interminables meses… donde él siempre pasaba y ella… lo esperaba. Estuvo al tanto de sus éxitos y fracasos. De su rendimiento escolar, de las novias múltiples y de los regaños. Desconocía sus momentos felices, pero no ignoraba las tristezas que llevaba cuando por el frente de su ventana pasaba. Si… era un niño triste y… solitario.

Se le notaba en su pausada marcha. La misma que una y otra vez lo hacía desfilar frente a su ventana.

Los meses se convirtieron en años… y nada pasaba. Al fin, llegó el doloroso día, en que él, del Pueblo se marchaba, buscando en el extranjero nuevos horizontes y patios para sus esperanzas. Ella, ¡cómo lo lloró! y como sufrió. ¡Llegó el día de su partida! y… nada pasaba. El tiempo continuaba su postín de marcha. Cuatro años después ella… también marchaba.

Lejos, muy lejos, uno del otro, es probable que él ni del Pueblo se acordara, pero, ella en la distancia… siempre lo veía cuando pasaba.

Luego, de ocho años, ambos estaban de nuevo en el mismo suelo. Ella preparando su boda y  él… ¡nadie lo atrapaba!

Al fin, tres años después de correr y escaparse, él cayó en la trampa que le tendieron las circunstancias. Ella, de nuevo lloró y se descorazonó sin que el Patán, con quien compartía su vida… lo notara.

Más años pasaron y ni siquiera una mirada… hasta que ocurrió el milagro de que oficialmente se conocieran.

Desde entonces, hubo risas, abrazos, cafés, visitas,  bromas e interminables amenas charlas…  pero, a esa edad y después de llevarlo ¡tantos años en el alma! esos detalles, ni siquiera interesaban.

Una tarde azorada de sus vidas, la casualidad obró a favor de ella y coincidieron en la misma panadería donde eventualmente, durante  once años, se reunían.

Era agosto, ella estaba tan bella y él por fin le dirigió la mirada. La misma que durante ¡años! estaba esperando, ya al borde de la desesperanza. A pesar de la madurez, él seguía siendo un hombre tan… lindo, ¡tan hermoso!, tan alto, que parecía un Príncipe de…  cuentos de hadas. Ella… madura, aún no pasaba desapercibida ante muchas miradas.

Delante de esa presencia enamorada, ella desvistió su corazón y durante largo rato sus almas se confesaban…

mientras ellos, sólo se miraban.

La tarde moría, ¡la noche nacía!, cuando sin decir nada él se levantó de la mesa y ella… lo seguía con la misma mirada de cuando él por el frente de su casa pasaba.

Ya… abordo de la lujosa camioneta, ella cerraba sus ojos y mientras el viento la felicitaba con palmadas en la cara… imaginaba que en brioso corcel, con él se escapaba lejos del Pueblo, ¡a salvo de las miradas mal sanas!

El Alba los sorprendió compartiendo las mismas sábanas y… la misma ilusión trasnochada. Conscientes de sus acciones, sus corazones pactaron luchar con la vida y lascircunstancias por su mutua… compañía añorada.

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