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Cristina, el reclamo que no cesa

Final

 

(Prólogo del poemario Entre silencios y recuerdos del poeta Marco González Almeida publicado por Negro sobre Blanco Grupo Editorial)

Eros, con su aspecto inocente y a veces juguetón, suele vagabundear por los lugares menos esperados, se ensalza con sus flechas y activa unos mecanismos, extraños para el hombre, y de esta manera tomarlo por sorpresa y arrastrarlo con su ahora transformado arpón por caminos invisibles, dejándolo a la intemperie, ajeno a su espacio, aislado del entorno. Eros, implacable y sin pena de parecer inoportuno, visita a Marco y lo conmina a dejarse embriagar por un sueño único, placentero y demencial en el que las circunstancias, para las cuales no estaba preparado, lo trastocan de una manera tal que, como si llevase una ancla gigantesca amarrada a sus tobillos, no podrá moverse de su sitio y solo es a base de poesía que hace un intento por obligar a la Tierra a invertir su movimiento de rotación, para de esta manera hacer retroceder el tiempo y poder contar con una nueva oportunidad de encontrarse con su amor perdido: Cristina.

A Marco lo podemos proyectar escribiendo los versos de Entre silencios y recuerdos con un dolor incesante, un reclamo perenne a las fuerzas que están sobre el hombre, a todo lo que se escapa de la lógica racional. Afina su lira y se empecina en conmover a aquellos que una vez le dieron una segunda oportunidad a Orfeo. Su Eurídice lo podría estar esperando en terrenos inhóspitos y él,  dispuesto,  asumiría cualquier reto con tal de recuperarla. Marco no conoce otra forma, instintivamente toma pluma y papel y vuelca sobre ellos toda la impotencia acumulada en cada día transcurrido desde aquel momento de la triste partida. Su esperanza en la existencia de un más allá lo reconforta y alimenta sus ansias de anhelar el hallazgo, improbable desde el aspecto humano.

Se asoma por la ventana, observa un paisaje extraño mientras sigue garabateando versos, hace un intento sublime por  transmitir a los que lo rodean el ruido incesante de sus adentros, se siente vulnerado ante el agobio, debilitado ante la impotencia. Sus intenciones son claras, así como lo manifiesta el escritor Gabriel Jiménez Emán: “Lo poético responde a un movimiento anímico íntimo, a una confesión de la interioridad, al surgimiento de una voz profunda que proviene de una investigación de uno mismo, de una interrogación del ser, todo eso a través de una sintaxis personal única, indivisible, de una gramática que combina los sentidos y los sentimientos”

Entre silencios y recuerdos dibuja con trazo ágil  la fatiga del rostro cansado, el exilio de la mirada que busca reconfortarse con la ilusión, el lamento de quien se acuesta en un paraje solitario a contemplar las estrellas y reconstruye como una constelación el rostro del ser amado. Marco pretende aliviar la carga que representa la espera de transitar el sendero oscuro que lo lleve al reino de Hades y cumplir con la prueba de no voltear a mirarla hasta tanto no haya salido a la superficie.

Nesfran González Suárez

Turmero, febrero de 2014

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