Inicio » Uncategorized » A propósito de Iluminado en la sombra

A propósito de Iluminado en la sombra

 

Alguna vez escribiré con piedras,
midiendo cada una de mis frases
por su peso, volumen, movimiento.

Eugenio Montejo

 

 

Para aquellos que inician su andar en el camino de la palabra hecha poesía se recomienda un poema de Constantine Cavafis titulado El primer peldaño. El mismo hace referencia al lamento que hace el joven poeta Eumenes a Teócrito y la sabia respuesta de éste al considerarlo afortunado por componer un solo idilio en el lapso de dos años y obtener el primero de una larga lista de peldaños en la ciudad de las ideas. Ahora, al tener la oportunidad de leer el segundo poemario de Ricardo Mejías, Iluminado en la sombra (Negro sobre Blanco 2014, 2do Lugar en el 3er concurso Por una Venezuela literaria 2013 mención poesía) puedo asegurar que el poeta ha subido algunos escalones, de dos en dos.

 

Ante la presencia del libro nos encontramos con la portada cual umbral orgánico hacia un mundo desconocido. El autor juega a ser un dios iracundo que permea, a través de su portal mágico, un contingente de elementos dispuestos en un orden apropiado. Cedemos al melodioso ajedrez del que una vez nos habló Eugenio Montejo y nos deslizamos por los abismos de la poesía, regiones de estremecimiento continuo donde impera el sentir sobre el saber. En estos linderos habita Ricardo, haciendo las veces de un Marco Polo de la imagen y la palabra.

 

Su búsqueda responde a un concierto de inquietudes, a una apertura de ciclos que proyecten líneas de esperanza que se bifurcan para luego encontrarse con su punto de partida, una empresa que abarca la existencia efímera del poeta ante la idea perpetua e infinita. Iluminado en la sombra se convierte así en una invitación al exilio, al ensueño que protege al espíritu de los rigores de la realidad: Imagino árboles con hojas de cristal. / El viento haría música / al agitarlos. Al igual que: Mi barco fantasma sigue / un camino de pétalos.

 

La nostalgia, reducto insalvable del poeta, se hace presente con sus aires infantiles de forma sencilla pero con un trasfondo que escarba el limo del río y enturbia el agua: Bajo un árbol revivo / el balanceo de la infancia / imagino una mano que impulsa / y otra que detiene / me siento iluminado / en la sombra. Otro aspecto presente es la vida y la muerte, los versos certeros que emplea Ricardo, o el animal que alberga dentro sí, para referirse a lo escabroso y lo imprevisible: Oigo fracturas / quiebres / los días se me vienen / encima / en bloques opacos. Y añado los siguientes: De esta pared que cae / no me salvan las flores. / Y yo sé / que no puedo evitarlo. Al final el poeta se encuentra a sí mismo mientras concibe un plan para proseguir en la tarea de construir poemas edificados sobre peso de su propia voz: ante los pasos indiferentes / heme aquí / ejerciendo mi oficio / de sepultar palabras.

 

La lectura de Iluminado en la sombra se podría recrear bajo el resguardo de un árbol frondoso y cubierto de flores que se van desprendiendo a medida que transcurre el vuelo comprendido en 40 poemas. Su aparente sencillez podría resultar un tanto engañosa como pretexto para la aprehensión del lector y de esta manera generar un torbellino de hojas caídas, una atmósfera lúdica amparada bajo un cielo de cristal. El libro se encuentra en manos del lector, el ave salió de su jaula entonando acordes sutiles según el árbol que pernocte.

 

Nesfran González Suárez

Turmero, marzo 2014

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: